El desconcertante y hábil
YEZEK (Palma, 1981) dispone de consabidas y acotadas identidades como respuesta a una necesidad propia para con lo limítrofe y traspasable del acto creativo.
Pinta,
dibuja, pare textos y pinta aspas de un ventilador que lo airea constantemente. Yezek vive sumergido en un deseado autismo creativo para un universo propio tatuable. Autoexigente pero eficaz en su técnica, nos situamos delante de un creador con registros.